"Un libro que demuestra la extraordinaria sensibilidad, la capacidad de percepción y la increíble vida interior que tienen nuestros amigos los caballos"

"Beatriz Ferrer Salat"

Jinete de Doma Clásica, medallista olímpica y gran amante de los animales

Acerca del libro

El libro SI EL HUMANO SUPIERA está escrito de una forma totalmente inédita, resultado de una auténtica comunicación interespecies entre los caballos y el humano, donde la autora ha sido sólo una simple trascriptora del mensaje que los CABALLOS han decidido transmitirnos.

SI EL HUMANO SUPIERA es un libro didáctico, con más de 700 páginas, en el que los caballos nos abren su corazón para dejarnos acceder a la esencia de su alma y nos cuentan cómo es su mundo, cómo ven el nuestro y cómo podría ser un mundo común en el que tanto los animales como los humanos viviéramos en un entorno de respeto y enriquecimiento mutuos

La lista de temas es amplísima: ¿Cómo perciben los pensamientos y las intenciones de las personas? ¿Cómo perciben al humano? ¿De qué forman se orientan en la Naturaleza? ¿Cómo experimentan las emociones? ¿Qué necesitamos para comunicarnos con ellos? ¿Pueden hacer una labor terapéutica con los humanos? ¿Cómo podemos ayudarlos en su proceso de aprendizaje? ¿Comparten la misma realidad que nosotros? ¿Cómo afrontan los entrenamientos y las competiciones? Y ... decenas de preguntas y respuestas adicionales.

Respuestas que nos permitirán ampliar la visión que tenemos de los caballos, y de todos los animales, mejorar su bienestar y calidad de vida, optimizar la conexión y el vínculo que podemos establecer con ellos y evolucionar como seres integrados con la Naturaleza y con todos los seres vivos.

Detalles del libro

Nº de páginas: 730 (Color)

Encuadernación: Tapa blanda cosida

Idioma: Castellano

ISBN-13:978-84-608-9600-5

¿Quieres echar un vistazo al contenido del libro?

Acerca de la autora

Marga Navarro

Extracto del prólogo del libro

Dídac Segura. Servicio de Medicina Interna Equina del Hospital Clínico Veterinario (Universidad Autónoma de Barcelona (1997-2008)). Actual responsable de Comunicación del Hospital Clínico Veterinario de la Universidad Autónoma de Barcelona

Antes de hablar sobre este libro creo que es imprescindible decir algo sobre Marga Navarro, su autora, porque conocerla y conocer su trayectoria profesional nos ayudará a entender mucho mejor el valor de todo lo que en él se cuenta….”

“Todos hemos oído hablar de personas que tienen una sensibilidad especial, que no necesitan palabras para comunicarse, que son capaces, de algún modo, de sintonizar con la mente de otras personas y averiguar cosas que quizá esas personas ni siquiera sospechan. Marga tiene una asombrosa capacidad para hacer exactamente eso mismo con los caballos...”

Escritor del Prefacio“….Creo que al principio no se atrevía a comentarlo. Al fin y al cabo estaba en un entorno - la facultad de veterinaria- en el que cualquier actuación clínica debía basarse en principios estrictamente científicos y lo que le pasaba con los caballos era difícil de encajar en esos parámetros….”

"...Recuerdo la primera ocasión en la que fui consciente de su capacidad. Íbamos a cenar con Lluís, nuestro jefe, y Marga no quería venir, no podía. Uno de los pacientes que teníamos ingresados le decía que se moría y le pedía que no le dejáramos solo… El caballo murió, y todo podría parecer una coincidencia –en un hospital como el nuestro, en el que ingresan casos extremadamente complejos, algunos caballos mueren- si no fuera por todo lo que vino después..."

"...Podría poner cientos de ejemplos, pero eso implicaría prácticamente escribir un libro y va más allá de lo que pretende ser este prefacio, así que me limitaré a relatar un caso..."

"...Habían pasado ya muchos meses desde aquella primera vez y teníamos ingresado un caballo con problemas de dorso. La propietaria nos preguntó si podíamos utilizar algún tratamiento natural con su caballo y avisamos a Marga. Ella llevaba tiempo formándose, además del tema de su tesis y de la nutrición, en medicina holística, de modo que cuando algún cliente nos sugería la posibilidad de emplear tratamientos no convencionales, Marga valoraba el caso. En aquella ocasión saludó a la propietaria y, sin hablar previamente con ella ni con el veterinario que llevaba el caso, entró en la cuadra con un bloc de notas y un bolígrafo, acarició al caballo y se sentó en el suelo. En poco menos de un cuarto de hora salía de la cuadra con varios folios escritos. Nos reunimos con la propietaria y Marga empezó a contarle lo que había recibido del caballo. Describió con total precisión cuál era el problema del animal, pero no sólo eso, también dio detalles sobre la relación que mantenía la propietaria con su pareja y sobre un problema de salud muy concreto que padecía. No sólo dijo cuál era la enfermedad de la propietaria, también dijo cuándo había empezado y de qué modo había afectado al caballo y había colaborado en el desarrollo de la patología de dorso que presentaba en ese momento. La propietaria no era capaz de contener las lágrimas. Todo lo que dijo Marga, todo lo que el caballo le contó, era absolutamente cierto y preciso..."

“….si no hubiera sido testigo de muchos otros episodios similares, me hubiera costado creerlo. Pero estuve, y mi concepción de la medicina, inevitablemente, se ha ido modificando a raíz de estas experiencias…”

Marga Navarro

Especializada en Clínica y Nutrición EquinaDiplomada en Ciencias Empresariales, Licenciada en Veterinaria, Doctora en Medicina y Cirugía Animal, con formación especializada en Medicina y Nutrición Equina, Homeopatía y Medicina Tradicional China.

Presenta una carrera profesional plenamente centrada en el ámbito de la práctica Clínica Equina; carrera que inició formando parte, durante más de 7 años, del equipo de Medicina Interna de la Unidad Equina del Hospital Clínico de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Luego pasó a ser responsable del Servicio de Medicina Holística y de Nutrición de la misma Unidad Equina.

En la actualidad centra su trayectoria profesional en la práctica de la Medicina “Integrativa” y en el ámbito del Asesoramiento Nutricional, en la Clínica Equina intensiva y de campo, con el fin de prevenir y tratar los problemas que puedan afectar a la salud y al bienestar físico, psíquico y emocional de los CABALLOS.

POSTS

¿Nos estaremos perdiendo la oportunidad de conocer realmente a los animales?

Empezamos, con mucha ilusión, el blog del libro “SI EL HUMANO SUPIERA… Un mensaje de los caballos para toda la humanidad”. Un blog en el que vamos a intentar realizar un recorrido que nos ayude a “redescubrir” a los caballos y a todos los animales. Seguro que muchos al ver el título que tiene el libro os preguntaréis ¿cómo es posible que los caballos vayan a compartir un mensaje con los humanos si no pueden hablar como lo hacemos nosotros?, ¿cómo van a plasmarlo en un libro si no pueden leer ni escribir? ¿Cómo van a tener la capacidad, la conciencia y la sabiduría necesarias para poder compartir algún tipo de información con los humanos si no tienen nuestra capacidad intelectual o de raciocinio?

Conoce a tu animal. Libro SI EL HUMANO SUPIERA

Para poder responder a estos interrogantes y algunos otros que quizá os irán surgiendo, vamos a adentrarnos, desde un punto de vista enriquecedor y científico, en el mundo de las emociones, los sentimientos, la conciencia, la empatía, los pensamientos… de los caballos, y evidentemente de todos los animales.

Un recorrido que esperamos que aporte unas bases para aproximarnos a estos compañeros del camino llamados caballos desde un prisma diferente al que se tiene estipulado en la actualidad como cierto en el conjunto de la sociedad humana en referencia a ellos y en referencia al resto de integrantes del mundo animal.

Una visión que puede ofrecernos la oportunidad de abrirnos aunque sólo sea a la posibilidad de que quizá estos animales son mucho más que unos simples cuerpos bellos con capacidades atléticas y/o terapéuticas específicas.

Y también abrirnos las puertas para poder vislumbrar que tal vez puedan ser seres que, si bien tienen capacidades, habilidades y necesidades que nunca vamos a poder comparar con la de los humanos, son portadores de una gran vida interior y de mucho conocimiento que pueden compartir con nosotros si empezamos a cambiar la imagen que nos hemos hecho históricamente de ellos.

Un cambio de paradigma que puedes encontrar plasmada con detalle en el libro SI EL HUMANO SUPIERA …

¿Por qué existen tantas discrepancias entre la opinión de los amantes de los animales y la corriente científica a la hora de hablar de emociones y sentimientos en los animales?

Empezaremos nuestro recorrido hablando de emociones y sentimientos.

Pero…realmente ¿qué es una emoción?, ¿qué es un sentimiento?, ¿son quizá dos nomenclaturas que utilizamos indistintamente para referirnos a lo mismo o realmente habrá alguna diferencia entre estos dos términos?

Si empezamos con este tema es porque realmente es muy apasionante, pues las emociones y los sentimientos son el motor que mueve la existencia de todos los seres vivos, y porque además existe una gran brecha entre la visión que tiene el campo científico de las emociones y los sentimientos en los animales y la creencia que albergamos todos aquellos que tenemos una proximidad afectiva con los caballos o con cualquier otro animal.

Si hablamos de brecha es porque si bien, no cabe duda que para todas aquellas personas que tenemos el privilegio de tener contacto o convivir con caballos, o con cualquier otro animal, tenemos claro que tienen sentimientos y emociones y no necesitamos explicaciones para corroborar que es así, a nivel científico se considera, o se tiene tendencia a defender la hipótesis de, que los animales tienen emociones pero no sentimientos.                    

El mundo de las emociones y los sentimientos de los animales

Una vertiente científica, que influenciada por los conceptos culturales impuestos por filósofos y por las  interpretaciones religiosas de la antigüedad, ha posicionado a los animales en una escala evolutiva muy por debajo de los miembros de la especie humana. Y si la corriente científica defiende tal hipótesis alguna diferencia importante tiene que existir entre las emociones y los sentimientos para negar la existencia de uno de ellos en los animales y seguir defendiendo su idea retrógrada de que los caballos y el resto de especies animales son inferiores a la especie humana.

Seguro que algunas personas al leer estas líneas pensarán que a ellas en particular no les hace falta saber qué es una emoción o un sentimiento ni en qué se diferencian ni lo que defiende la ciencia al respecto, pues les da exactamente igual, ya que lo único que es importante para ellas es lo que sienten cuando están con su compañero caballo, perro,  gato… y aquello que pueden compartir cuando están con gente que piensa y/o siente igual que ellas.

Entonces ¿por qué hacemos hincapié en el tema si posiblemente las personas que estáis leyendo este texto sabéis de antemano que vuestro compañero animal tiene emociones y sentimientos?

Si lo hacemos es porque, queramos o no, nos encontramos en un mundo basado en la necesidad de evidencia científica constatada para considerar que algo es real o no y el hecho de desgranar el tema de las emociones y los sentimientos nos va a permitir contar con un fundamento sólido para llegar a la mente de todos aquellos humanos que todavía ponen en duda que un caballo, un perro, un gato o cualquier otro animal pueda tener emociones y sentimientos  similares a los nuestros.

No tiene la misma capacidad de cambiar la corriente de las creencias decir “Yo sé que mi caballo tiene sentimientos y emociones porque lo siento así o porque lo experimento a diario cuando estoy con él” que afirmar “Hay evidencias que ponen de manifiesto que las emociones se basan en la liberación de neurotransmisores y los sentimientos son consecuencia del hecho de hacerse consciente de la situación que se está vivenciando, habiendo patrones comunes en el mecanismo de origen anatómico y fisiológico de las emociones y los sentimientos que dejan patente que los animales tienen tanto emociones como sentimientos”. Además no olvidéis que es muy importante preguntarse siempre el por qué y no quedarse únicamente en la superficie para llegar a integrar cualquier tema, y en este caso en concreto cualquier cuestión que afecte al bienestar tanto físico como emocional y mental de los animales 

Posiblemente algunas personas también pensarán que no es de su incumbencia intentar demostrar nada a nadie, pues cada quién es libre de pensar lo que quiera al respecto, pero tened presente que cuanta más información validada haya en referencia a un tema en particular, y cuanta más gente hable de ello con solidez, más se podrá anclar en la sociedad en general y no quedará restringida únicamente a las creencias de un grupo limitado de personas.

Y en este caso en concreto, para todas aquellas personas que sentimos un profundo respeto y amor por los caballos, y por todos los animales, contar con esta información nos permitirá ir, poco a poco, aportando un granito de arena para que los animales puedan verse desde una perspectiva diferente ante los ojos del global de la humanidad.

Adentrándonos en el fantástico mundo de las emociones de los animales (1)

Retomando el tema de las emociones y los sentimientos, vamos a empezar a hablar de emociones, algo que seguro que nos suena muy familiar a todos porque las experimentamos a diario y no cabe duda que gobiernan una buena parte de nuestra vida. Pero ¿sabemos qué es en realidad una emoción?

Una emoción es una reacción psicofisiológica que representa los mecanismos de adaptación que tiene el individuo a estímulos tanto externos (que puede percibir con sus sentidos físicos) como internos (recuerdos). Y ¿a qué nos referimos con reacción psicofisiológica? A una reacción en la que interviene el encéfalo, en concreto una red de neuronas presentes en el encéfalo llamado sistema límbico, y que una vez desencadenada provoca cambios en la biología y /o funcionalidad del organismo. Y ¿cómo se provocan los cambios? A través de elementos llamados hormonas y neurotransmisores.

Las emociones son un mecanismo portador de información que va a determinar qué necesitamos hacer en las diferentes situaciones que ocurren en la vida para poder adaptarnos a ellas con la mayor efectividad. Sirven para establecer nuestra posición con respecto al entorno y nos impulsan hacia ciertos compañeros, ciertas acciones y nos alejan de otros. Así que tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea y son resultado de la evolución porque aportan buenas soluciones a problemas recurrentes de los antepasados. Además estimulan y dirigen los actos que realizamos para conseguir un objetivo (como por ejemplo huir de una situación peligrosa o amenazante).

Las emociones se caracterizan por ser una reacción que aparece de forma súbita y que causa en el cuerpo cambios fisiológicos y de conducta. Es decir que en las emociones se producen cambios en la funcionalidad del cuerpo físico y también tienen lugar cambios de comportamiento; cambios que van a depender de la emoción en concreto que se esté experimentando.

Una característica de los cambios a los que dan lugar las emociones es que suelen ser innatos, es decir que se producen de forma automática sin que los elijamos por cuenta propia (como sucede, por ejemplo, con nuestra respiración que es básicamente involuntaria pues nosotros no tenemos que decidir por cuenta propia respirar ya que el acto de respirar es automático). Sin embargo, en algunas ocasiones, estos cambios asociados con las emociones sí que pueden estar modulados y directamente influenciados por las experiencias previas que se hayan vivenciado. Es decir que, dependiendo de nuestras experiencias, reaccionaremos de una forma u otra ante situaciones similares. 

Aunque la clasificación de las emociones es variada, a “groso modo” se considera que existen 4 emociones primarias o básicas que son la alegría (felicidad), la tristeza, el miedo y la agresividad (ira). Se trata, tal como el nombre indica, de emociones primarias porque son las que responden a un estímulo y provocan cambios de forma innata en el organismo y en la conducta para poder adaptarnos a las situaciones. De estas emociones la ciencia tiende a considerar que sólo dos de ellas son experimentadas realmente en los animales, en concreto el miedo y la agresividad, ya que son un mecanismo vital de supervivencia (el miedo permite salvar la vida en caso de peligro y la agresividad defender territorio, comida…).

Una particularidad de las emociones es que tiene dos componentes: una es la sensación que se siente en el interior y otra es la manifestación externa de la emoción. Es decir que, en función de la emoción, las conductas que se manifiestan (cambios de expresión de la cara, sudoración…) pueden ser más o menos idénticas pero sin embargo la sensación que tiene cada individuo en su interior puede ser completamente diferente según sea su personalidad y sus experiencias previas.

Para poder entender el mecanismo de la emociones vamos a poner un ejemplo. ¿Qué sucede cuando un caballo ve lo que aparenta ser la silueta de un león en la distancia?

Siente miedo, una emoción que instantáneamente provoca que se aceleren los latidos de su corazón y se agite su respiración para contar con más oxígeno disponible en el caso de tener que emprender una rápida huida. Además un sudor frío recorrerá su superficie corporal que será muy útil para eliminar el calor corporal que se producirá en el caso de tener que salir corriendo. ¿Y cómo puede haber sucedido esto?

Porque el sentido de la vista le envía la imagen del león a una parte del encéfalo llamado corteza visual y ésta a otra parte que se llama la amígdala que acaba decidiendo que esa sombra representa una amenaza y, en consecuencia,  libera los llamados neurotransmisores del estrés con la activación de una parte del sistema nervioso llamada sistema simpático; sistema encargado de producir los cambios fisiológicos asociados a la emoción de miedo como son el aumento de la frecuencia cardíaca, respiratoria y la sudoración. Activando también las glándulas adrenales que secretan la hormona llamada adrenalina que tiene efectos similares a los producidos por la activación del sistema simpático.

Mecanismo fisiológico del miedo

Y resulta sorprendente que, a pesar de tratarse de respuestas tan básicas del organismo para poder sobrevivir ya que la adaptación al entorno es necesaria para la supervivencia, tengamos un bagaje filosófico centrado en negar la existencia de emociones en los animales. Influencia filosófica abanderada por Aristóteles que defendía la hipótesis de que las emociones eran exclusivas de los humanos y los animales sólo tenían deseos similares a los instintos y además secundada por Descartes que consideraba a los animales como autómatas complejos incapaces de tener emociones y que funcionaban por programas mentales innatos. Y es también realmente muy curioso que la corriente científica tienda a reconocer únicamente dos de estas emociones en los animales (el miedo y la agresividad) ya que son las dos que han podido evidenciar pues ambas se originan en esa estructura del cerebro llamada amígdala, una estructura que se ha conseguido aislar anatómicamente en las especies animales comprobando, además, que a los animales a los que se les extirpaba la amígdala eran incapaces de manifestar respuesta de miedo o agresividad.

Pero ¿por qué se sigue con la tendencia de poner en duda que los animales puedan sentir alegría o tristeza?

Pues la respuesta es bastante obvia, porque vivimos en un mundo donde prima la necesidad de contar con pruebas laboratoriales objetivas para catalogar algo como real. Y si bien en el campo de las emociones humanas ya se lleva tiempo trabajando al respecto y se ha llegado a detectar que la alegría puede tener su origen en la corteza cerebral, cabe destacar que en el ámbito de los animales vamos a retaguardia y quizá pasarán décadas hasta que la corriente científica evidencie de forma constatada que los animales también son capaces de experimentar alegría y tristeza.  

Y aquí es donde surgen muchos interrogantes pues si no hemos sido capaces de detectar dónde se origina concretamente la alegría o la tristeza en nuestra especie ¿por qué no ponemos en duda que las personas podemos sentir alegría o tristeza y sin embargo sí que lo hacemos con los animales?

Además, si las emociones se fundamentan en la liberación de neurotransmisores y hormonas y casi todas las especies disponemos de los mismos neurotransmisores y hormonas ¿por qué se sigue con la tendencia a defender la idea de que los animales no pueden experimentar alegría o tristeza y en cambio las personas sí?.

Y si la estructura encargada de gestionar las emociones, que es el sistema límbico, está presente en muchos animales ¿por qué se tiende a centrar la capacidad emocional de los animales únicamente en emociones básicas de supervivencia?

¿En qué nos hemos basado históricamente para realizar tales afirmaciones?

Seguiremos respondiendo a éstos y muchos otros interrogantes en los siguientes posts.

Adentrándonos en el fantástico mundo de las emociones de los animales (2). El papel de los neurotransmisores en la generación de los diferentes estados emocionales

Emprendemos este post centrándonos en el papel que juegan los neurotransmisores en la generación de los diferentes estados emocionales.

Lo hacemos de esta forma para poder evidenciar, desde un punto de vista objetivo basado en el conocimiento de cómo funciona el organismo de los seres vivos, si los animales también pueden sentir alegría y tristeza y no sólo miedo e ira como la vertiente científica tiene tendencia a considerar.

Quizás os preguntareis ¿qué es un neurotransmisor?

Un neurotransmisor es una molécula creada por el cuerpo que permite la transmisión de información desde una neurona hacia otra neurona a través de un espacio denominado sinapsis.

La sinapsis es el espacio que existe entre neurona y otra y que da la base para que se pueda producir la comunicación neuronal a través de estas sustancias químicas llamadas neurotransmisores.

A la neurona que libera el neurotransmisor se le llama NEURONA presináptica y a la neurona que recibe la señal se le llama neurona postsináptica. El neurotransmisor se libera en la extremidad de una neurona y actúa en la neurona siguiente fijándose en puntos precisos de su membrana.

En el organismo existen diferentes neurotransmisores siendo los más importantes: serotonina, adrenalina, dopamina, noradrenalina, acetilcolina y ácido gamma-aSinapsis neuronalminobutírico o GABA. Estos neurotransmisores deben estar en el organismo en una proporción equilibrada, es decir que el sistema nervioso debe disponer de todos estos eficaces mensajeros y además en la concentración adecuada, porque sino pueden aparecer problemas de comportamiento, alteraciones del estado emocional y alteraciones del funcionamiento de diferentes órganos y sistemas corporales

 ¿Por qué son importantes estas sustancias llamadas neurotransmisores?

Porque, entre otras múltiples funciones, intervienen directamente en la forma de actuar, sentir, pensar y reaccionar ante estímulos externos e internos, teniendo un papel básico en la generación de las emociones, del comportamiento y del estado de ánimo.

En el caso concreto de las emociones, tanto el enfado como la ira, la alegría y la tristeza vienen en gran parte determinados por un nivel alto o bajo de alguno de estos mensajeros en específico.

En concreto la tristeza está asociada a niveles bajos de serotonina y de noradrenalina y la alegría está asociada con niveles altos de dopamina.

¿Por qué, entonces, cuesta tanto reconocer de forma científica que los animales puedan sentir alegría o tristeza?

¿Es que acaso los animales no tiene serotonina, noradrenalina o dopamina en su organismo?

Una pregunta que obviamente carece de sentido pues estos neurotransmisores son vitales para mantener el funcionamiento del cuerpo de la mayor parte de seres vivos ya que, por ejemplo, la dopamina no sólo interviene en la “producción” de felicidad sino que también tiene un papel vital en la regulación de la función cardíaca y la función renal y en el control de la motilidad gastrointestinal. En consecuencia si un caballo o un perro no tuvieran dopamina en su organismo tendrían alteraciones del funcionamiento del corazón y del riñón entre otros efectos adversos.

Es posible que sigamos cuestionándonos

¿qué son los brincos que hace un caballo con su cuerpo cuando lo dejamos en un campo tras haber estado horas o días encerrado en su cuadra?

¿Son simplemente un mecanismo reflejo instaurado en su mente para huir de un depredador, o gastar la energía que tiene acumulada en su organismo, o son realmente una manifestación de alegría provocada, entre otros cambios fisiológicos, por el aumento de dopamina que se ha producido en su sistema nervioso al haber conseguido su deseo anhelado de disfrutar de libertad?

caballos en semi-libertad

O ¿a qué se debe la actitud de pérdida de energía vital y apetito que presenta un perro cuando se tiene que quedar en una residencia ya que su compañero humano ha marchado de viaje?

¿Es sólo un acto reflejo derivado de no poder satisfacer su instinto de estar en manada o en realidad es resultado de la tristeza que le ha ocasionado, entre otros cambios fisiológicos, la disminución de serotonina y noradrenalina en su cuerpo al tener que separarse de su compañero humano?

Expresión emocional en el perro

Es absurdo pensar que la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, que son moléculas idénticas en los humanos y en los animales, y que en consecuencia van a compartir las mismas funciones en el cuerpo de los humanos y animales, no tengan la capacidad de generar alegría o tristeza en los animales como lo hacen en los humanos.

Si hacemos hincapié en la importancia que tienen los neurotransmisores en la generación de los estados emocionales es porque el mundo más dogmático se suele aferrar a la idea de que la población amante de los animales tenemos tendencia a humanizar a los animales adjudicándoles emociones y sentimientos similares a los de los humanos.

Si bien en este post no estamos en ningún momento intentado evidenciar que un perro, un caballo, un gato… es igual a una persona sí que queremos dejar patente que, desde el punto de vista fisiológico, en este caso en concreto en referencia a los neurotransmisores, los animales no sólo pueden sentir miedo o ira sino que también pueden sentir alegría al rencontrarse con un ser querido, al conseguir algo que tenían en mente… y tristeza cuando pierden a algún compañero del grupo, cuando son tratados sin respeto…

Pero,

¿habrá más elementos fisiológicos que compartan los animales con los humanos y que dejen patente, de forma irrefutable, que tienen una gran capacidad emocional?

Seguiremos abordando estas cuestiones en los siguientes posts del Libro SI EL HUMANO SUPIERA…

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